Family People

Monitores del Club Kikoland comparten su experiencia

Daniel Kamann, aportando alegría y felicidad a los niños

Menorca, 31.07.2011. Desde Alemania llega una familia al hotel Royal Son Bou Family Club. No sospechábamos entonces que este lugar se convertiría en nuestro destino de vacaciones de verano durante los siguientes 6 años y mucho menos que por aquel entonces el niño que era de 11 años comenzaría aquí su primer trabajo después de 7 años.

Disfrutamos mucho de nuestras vacaciones aquel año y desde entonces volvimos ininterrumpidamente. Hace dos años, sin haber terminado aún el check-in el día de llegada, vino Yolanda a saludarnos, la responsable de animación a quien ya conocía de otros años. Nos dio la bienvenida y me preguntó que cuándo iba a empezar a trabajar en el hotel. En aquel momento aún me quedaban un par de años de escuela por delante y no me lo podía plantear, pero aquella posibilidad, que en ese momento Yolanda hacía medio en broma medio en serio, me dio que pensar. ¿Cómo sería verlo todo desde el otro lado? Tengo que reconocer que me atraía la idea.

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Pasó un año y un verano más volví con mi familia a Son Bou, momento en el que el tema se volvió a poner sobre la mesa. Me senté con Yolanda que me contó con todo detalle en qué consistiría el trabajo de animador. Los dos estábamos interesados en que yo trabajase en el hotel el siguiente verano. Acordamos mantener el contacto durante el invierno. En enero terminamos de concretar todo y a finales de junio, una vez terminé secundaria, volé hacia Menorca, para comenzar en el que sería mi primer trabajo.

Considero que fue y es una buena decisión después de haberme graduado, ya que en ese momento no tenía planes concretos sobre qué camino tomar. No quería ponerme a estudiar enseguida una carrera, me apetecía viajar, salir y vivir un poco. Además, como ya conocía el hotel y la zona, no se trataba tampoco de un salto a ciegas a la piscina.

Como es lógico, la rutina de trabajo no tiene nada que ver con aquello a lo que yo estaba acostumbrado cuando venía aquí de vacaciones. Aquí estoy trabajando y aunque tenga ganas no puedo tirarme a la piscina como hacía antes. Por otro lado, he descubierto muchos rincones nuevos en el hotel. Toda la zona por la que se mueve el personal era nueva para mí.

Después de un tiempo trabajando en el hotel puedo sacar ya una conclusión y es que trabajar aquí me divierte. Me divierte mucho, de hecho. El ambiente en el trabajo es muy bueno y todos mis compañeros me ayudaron mucho cuando comencé a trabajar y no sabía muy bien cómo hacer las cosas. La verdad es que ya conocía a parte del equipo de animación y de otros departamentos.

Al principio me resultaba un poco extraño ser uno más del equipo, pero con el tiempo me acabé acostumbrando. Una de las cosas que más me gustan es trabajar con personas de distintas edades y países. Es algo que me enseña cosas interesantes sobre otras nacionalidades y sobre mí mismo. El mejor ejemplo es cuando los niños británicos vienen al chiringuito de bebidas de Kikoland y me piden con la típica cortesía de su país todo por favor y dan siempre las gracias después.

Una de las cosas que más me atrae es cuando estamos en el escenario. Recuerdo cuando yo era el que bailaba en la pista junto a las mascotas Kiko, Hooky y Cuqui. Estar ahora aquí arriba es muy especial para mí. Ahora puedo ver, una veces más, otras veces menos 😉, a los niños desde el escenario mientras bailan, tal y como yo hacía hace unos años. Mi motivación es poder ofrecer a los niños un show que les guste tanto como a mí me gustaba cuando era niño. Así se olvida hasta el calor que se pasa y ni te das cuenta de que estás sudando una barbaridad.

Exhausto, de camino a la habitación veo a los niños felices y contentos. Esos son los mejores momentos y la razón por la que vine aquí.

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Niklas Geppert, compartiendo sonrisas en Kikoland

Mi familia y yo, año tras año, siempre hemos encontrado en Son Bou todo lo que cabría desear en nuestras vacaciones de verano. Un hotel que ya en su nombre promete una estancia exclusiva en una atmósfera muy familiar, que cuenta con un personal amable y de mente abierta, que se toma muy en serio la responsabilidad en lo que respecta a las valoraciones de sus huéspedes. Personalmente, me siento fascinado por el trabajo y el compromiso que existe en el Royal Son Bou Family Club.

Como siempre cada primavera, con alegría y como marcaba la tradición, comenzábamos a planificar las vacaciones y pensábamos en el Kikoland, las actividades, el programa nocturno y los animadores del año anterior. El hecho de que hayamos escogido Son Bou un año tras otro sin dudar, por encima de miles de otros bonitos destinos de vacaciones durante más de 12 años, habla por sí solo.

Durante las últimas vacaciones, comenté un día a Yolanda mi propuesta de pasar a ser animador después de tantos años como cliente. Lo que vino después fueron probablemente los seis meses más influyentes de mi vida.

Hoy conozco ambos mundos, el de cliente y el de animador.

El show como espectador y el show entre bastidores.

Los buenos momentos que se tienen aquí y el sudor en la frente acompañado de una sonrisa.

Los días que pasan trabajando en un equipo.

Y, sobre todo, el hecho de que ahora sé que me siento genial viviendo ambas realidades.

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