Covid-19

Valentía, el componente que ha abierto las puertas del Hotel Royal Son Bou en 2020

Si algo ha enseñado la historia, es que es de los valientes. De los que se atreven a dar el paso cuando todas las condiciones parecen estar en contra. Y, sin embargo, la historia avanza. También para la dirección del Royal Son Bou Family Club, desde donde hemos tenido que dar grandes giros de timón en un mar lleno de cambios que escapaban a nuestro control. Tomar la decisión de abrir el hotel a finales de mayo fue, sin duda, un acto de valentía, que se ha saldado, como dice nuestro director, “con muchas decepciones, pero también muchas alegrías”.

 

“En los meses de mayo y junio se hablaba mucho de la importancia de abrir los hoteles y dar confianza”, comenta Tumeu Janer, director del Royal Son Bou. “Creíamos que podríamos abrir el hotel e incluso creíamos que podríamos tener problemas de ocupación en el mes de agosto, ya que nos marcamos una ocupación máxima del 60% para poder dar un buen servicio, con las restricciones impuestas”. A pesar de las ganas, la realidad fue otra muy distinta. “Desde que se decidió abrir el hotel hasta la apertura, fue sangría de cancelaciones”. Una tónica que han vivido los establecimientos menorquines en este año de pandemia.

Tumeu mira con optimismo los puntos positivos que han sacado de esta corta e inusual temporada. “Hemos sido capaces de cambiar la forma de trabajar, pero sin perder nuestra esencia. Hemos sido incluso capaces de aumentar la calidad del servicio, a pesar de todas las restricciones impuestas. Hemos visto cómo los clientes que nos visitaban se iban muy contentos y agradecidos por el esfuerzo realizado. Hemos compartido la alegría con nuestros proveedores cuando tomamos la decisión de abrir.” Ante todo, destacan esas 138 personas que han podido volver a sus puestos de trabajo, y hacerlo con más ganas que nunca. “Todo esto ha sido gracias al equipo humano que formamos el Royal Son Bou”, asevera Tumeu. “Solo puedo dar las gracias por la respuesta y apoyo de la plantilla, ya que desde el primer momento fueron responsables y aportaron su visión para poder abrir el hotel”.

Su compañera en la dirección, Arantxa González, apunta al hecho de que “trabajar en un escenario completamente nuevo también nos ha abierto nuevas posibilidades, nuevos métodos y procesos que nos siguen impulsando en el camino de la mejora continua. Aunque todo cambie a nuestro alrededor”. Como si se tratara de una prueba de fuego. Precisamente por este escenario cambiante, sabiendo que “habría factores que hasta que no arrancaremos con la actividad del día a día no surgirían, pues el mundo se estaba transformando y teníamos que adaptarnos”, abrieron con su mejor sonrisa, aunque fuera tras la mascarilla. Ha sido esta una sonrisa de valientes, que en palabras de Arantxa “ha supuesto todo un aprendizaje y un refuerzo”.

Con el verano ya cerrado, y con un balance agridulce a causa de las enormes dificultades a las que se han tenido que enfrentar, Arantxa remarca que “hemos podido comprobar que somos capaces de seguir ofreciendo una experiencia inolvidable a pesar de todas las dificultades”. Una certeza que corrobora el “feedback que hemos ido recibiendo por parte de familias y trabajadores”.

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